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DOMINGO V DE PASCUA

Viernes, mayo 16th, 2014

Quien me ha visto a mí a visto al PadreEl fragmento del evangelio que hoy nos propone la Iglesia, está tomado del discurso de las despedidas del evangelio de san Juan. Jesús sabe que está cerca su hora y que está a punto de dar cumplimiento total a la misión que el Padre le ha encomendado. Está con sus discípulos de la Última Cena y quiere darles las últimas recomendaciones antes de separarse de ellos.

Después de los acontecimientos que han vivido los últimos días y de lo que el Señor Jesús les ha ido adelantando respecto a su persona, los discípulos están un tanto nerviosos e intranquilos. Por eso lo primero que el Señor les dice es: «No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí… me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo… y adonde yo voy ya sabéis el camino». Tomás, un tanto extrañado replica: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?». El Señor Jesús le mira y responde: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí». Ante esta respuesta, Felipe, no puede contenerse y exclama: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». La respuesta del Señor no puede ser más contundente: «Hace tanto tiempo que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre».

Este diálogo del Señor con sus discípulos, lo tiene hoy contigo y conmigo. En nosotros, viendo los acontecimientos que suceden en la sociedad, y recibiendo cada día el bombardeo continuo del mundo que nos ofrece una felicidad pasajera y barata, también surgen dudas que siembran en nuestro corazón la intranquilidad. Por otra parte, comprobamos como aquellos que han vuelto la espalda a Dios y siguen sus apetencias viviendo según sus criterios, aparentemente prosperan y son felices. ¿Cómo es posible esto, nos preguntamos?

También a ti y a mí, el Señor Jesús nos responde hoy: «No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí… No os dejéis arrastrar por esos espejismos del mundo. Todo son apariencias. La felicidad que os brinda el mundo es pasajera y falsa. Quizá como Tomás también nosotros preguntemos entonces al Señor ¿cuál, pues, es el camino para encontrar esa felicidad y esa paz verdaderas? La respuesta no se hace esperar y el Señor Jesús nos dice: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Él es el camino que lleva a la verdad y a la vida. No nos equivoquemos, no nos dejemos confundir. El mundo, la sociedad, nos brindará medios y creencias para conseguir la paz interior. Nos mostrarán otras religiones, sobre todo orientales, para lograr el equilibrio interno. Nos dirán que todas llevan al encuentro con Dios, pero esa afirmación es falsa. A nuestro fin último, a aquel para el que fuimos creados, que es el encuentro con el Amor, el encuentro con nuestro Padre Dios, solo podremos llegar a través de su Hijo Jesucristo. No existe otro camino. Así quedó definido tajantemente en la declaración “Dominus Iesus” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ratificada por Juan Pablo II, que ordenó su publicación. Solo en Él, y a través de Él, encuentra el hombre la salvación. San pedro lo afirma en los hechos de los Apóstoles cuando dice: «Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos». El único camino, la única manera que nosotros tenemos para llegar al Padre, es a través de su Hijo Jesucristo, que se hizo hombre para que Dios tuviera un rostro que nosotros pudiéramos contemplar. Así se lo dice el Señor hoy a Felipe en el evangelio: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre».