Solemnidad de los santos Pedro y Pablo

Celebramos hoy la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.

           En el libro del profeta Zacarías se habla de la visión del profeta, que ve junto a un candelabro de oro con siete lámparas, figura de la presencia del Señor que escruta la tierra, dos olivos símbolo de los dos ungidos que están en pie delante del Señor.

  Esta figura se repite de nuevo en el libro del Apocalipsis,  haciéndonos presente a los dos testigos que deben mostrar al mundo la verdad y ser sacrificados después.

  La Iglesia ha visto siempre en estos pasajes la presencia de los apóstoles Pedro y Pablo, columnas elegidas por el Señor Jesús para ser testigos de su resurrección, tanto en medio del pueblo judío como entre todos los gentiles.

  Hoy el evangelio nos muestra al Señor sondeando a sus discípulos, al plantearles esta pregunta: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Las respuestas son dispares, pero esto no importa demasiado al Señor. Lo que sí le interesa es saber lo que piensan ellos, por eso les dice: Y vosotros ¿Quién decís que soy Yo? Pedro, tomando la palabra, responde: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Grande ha sido el atrevimiento del apóstol, en una sociedad donde no se puede nombrar al Eterno. Por eso Jesús se apresura a responder: Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Y prosigue, yo a mi vez te digo: Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno, no la derrotará.

  El otro olivo que está ante la presencia de Dios, es el apóstol Pablo. Él ha sido llamado por el Señor, para llevar la buena noticia de la salvación a todos los gentiles, entre los que nos encontramos nosotros.

  Consuela comprobar, a quiénes ha elegido el Señor para ser el fundamento de su Iglesia. Por una parte a una persona cobarde, que no es capaz de dar la cara por su Maestro, y le niega en momentos difíciles. Por otra parte a un perseguidor acérrimo de los discípulos, que quiere a toda costa acabar con estos herejes. Los dos tienen, sin embargo, una respuesta generosa ante la llamada.

  También a nosotros nos ha elegido el Señor, a pesar de que valemos muy poco, de que le traicionamos cada día. Pero a Él no le importa, por eso también nos pregunta: ¿Quién dices tú que soy yo? Hagamos un momento de silencio. Entremos en nuestro interior y respondamos con sinceridad

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