Archive for julio, 2008

Domingo XV de tiempo ordinario

Martes, julio 15th, 2008

El evangelio de hoy nos presenta la parábola del Sembrador. El Señor Jesús durante su predicación gustaba con frecuencia, echar mano de escenas y trabajos de la vida ordinaria, para hacer más asequible su enseñanza a las personas sencillas que le escuchaban.

           En algunas ocasiones, como en la presente, lo hacía para que, se cumplieran las palabras del profeta Isaías, “Oiréis pero no entenderéis, miraréis pero no veréis. Porque la mente de este pueblo está embotada, tienen tapados los oídos y los ojos cerrados, para no ver nada con sus ojos ni oír con sus oídos, ni entender con la mente ni convertirse a mí para que yo los cure”.

  El Señor, con esta actitud, hace presente a aquellos que escuchan la Palabra con corazón torcido. Que no están dispuestos a ponerla en práctica. Que acuden a Él de una manera perversa, para que les arregle la vida, pero sin intención de convertirse seriamente. Estos, oyen sin entender y  aunque tienen los ojos abiertos, no son capaces de ver.

  Estas situaciones se dan de una manera clara en la parábola del sembrador. El sembrador arroja la semilla de la Palabra. Para algunos, porque oyen pero no son capaces de escuchar, esta Palabra no produce ningún efecto. En otros, que la reciben con alegría pero que no son capaces de guardarla, germina en una principio,  pero no arraiga. En otros, la Palabra crece a la vez que crecen las preocupaciones de la vida, de manera que no puede llegar a dar fruto, y muere ahogada. Finalmente, otros, reciban la Palabra, la guardan en su corazón y permiten que esta palabra  transforme su vida.

  Si nos fijamos cada  uno en lo que nos sucede, veremos con claridad a qué grupo pertenecemos.

  ¿Oyes la Palabra y no te enteras de nada? ¿Te gusta escucharla pero al poco tiempo se te olvida y no le das más importancia? ¿Vives tan preocupado por los problemas materiales que no tienes tiempo de atender a tu vida de fe? O más bien ¿acoges la Palabra en el corazón y la guardas para que crezca y dé fruto?

  Si eres de estos últimos, alégrate. Hoy el Señor te dice: “Dichoso porque tus ojos ven, y tus oídos oyen”. No desperdicies este don y estate dispuesto cada día, a cumplir la voluntad de Dios

 

 

Domingo XIV de tiempo ordinario -Ciclo A-

Martes, julio 15th, 2008

El Reino de los Cielos no es de los grandes y poderosos. Sólo está al alcance de los pobres, de los pequeños, de los humildes y de aquellos que se consideran los últimos. En éstos es, en quienes se complace el Señor. Él gusta elegir lo que no vale, para confundir a los sabios y a los que están convencidos de su propio valer.

           Hoy, en el evangelio, vemos que el Señor Jesús da  gracias al Padre precisamente por esto. Él, ha tenido a bien revelar los secretos del Reino, a los pobres, a los sencillos, a los humildes y los que humanamente no valen.

  Yo te preguntaría: ¿En qué lado consideras estar? Eres de los que se creen entendidos, de aquellos a los que la gente respeta y toma en cuenta,  o más bien pasas desapercibido y nadie se preocupa demasiado de  ti? Piénsalo bien, porque lo verdaderamente importante es que el Señor, viendo  que eres poca cosa, que pocos cuentan contigo, te mire con ojos de bondad y se complazca en tu pequeñez. Así lo hizo con María. Miró la humillación de su esclava y la enalteció sobremanera.

  En la segunda parte del evangelio, se manifiesta de una manera meridiana el corazón misericordioso del Señor. Él sabe que, por nuestra condición de pecadores, la vida, con frecuencia, se nos hace excesivamente pesada. Que nos ocurre como a los carros del Faraón cuando pretendían atravesar el Mar Rojo persiguiendo a los israelitas, nuestros pies se hunden en la arena y se nos hace muy difícil avanzar. Tenemos dificultades económicas. Surgen problemas serios en nuestra familia. Nos encontramos frente a enfermedades que nos hacen sufrir, y que a veces  no tienen solución.  Tenemos dificultades en el trabajo. Encontramos problemas en las relaciones con los demás. Nos dominan vicios que no nos atrevemos a confesar. Resumiendo, la vida se nos hace poco menos que insoportable.

  Ante esta situación, el Señor Jesús nos dice: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas».

  Él sabe que la cruz de cada día, de la que no podemos escapar, se nos hace insoportable, por eso se brinda a ser nuestro Cirineo cargando con ella. Él es, el hombro amigo donde podemos reclinar nuestra cabeza y encontrar reposo. Es el único que puede saciar nuestro corazón y hacer que encontremos sentido a nuestra vida. 

 

Solemnidad de los santos Pedro y Pablo

Martes, julio 15th, 2008

Celebramos hoy la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.

           En el libro del profeta Zacarías se habla de la visión del profeta, que ve junto a un candelabro de oro con siete lámparas, figura de la presencia del Señor que escruta la tierra, dos olivos símbolo de los dos ungidos que están en pie delante del Señor.

  Esta figura se repite de nuevo en el libro del Apocalipsis,  haciéndonos presente a los dos testigos que deben mostrar al mundo la verdad y ser sacrificados después.

  La Iglesia ha visto siempre en estos pasajes la presencia de los apóstoles Pedro y Pablo, columnas elegidas por el Señor Jesús para ser testigos de su resurrección, tanto en medio del pueblo judío como entre todos los gentiles.

  Hoy el evangelio nos muestra al Señor sondeando a sus discípulos, al plantearles esta pregunta: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Las respuestas son dispares, pero esto no importa demasiado al Señor. Lo que sí le interesa es saber lo que piensan ellos, por eso les dice: Y vosotros ¿Quién decís que soy Yo? Pedro, tomando la palabra, responde: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Grande ha sido el atrevimiento del apóstol, en una sociedad donde no se puede nombrar al Eterno. Por eso Jesús se apresura a responder: Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Y prosigue, yo a mi vez te digo: Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno, no la derrotará.

  El otro olivo que está ante la presencia de Dios, es el apóstol Pablo. Él ha sido llamado por el Señor, para llevar la buena noticia de la salvación a todos los gentiles, entre los que nos encontramos nosotros.

  Consuela comprobar, a quiénes ha elegido el Señor para ser el fundamento de su Iglesia. Por una parte a una persona cobarde, que no es capaz de dar la cara por su Maestro, y le niega en momentos difíciles. Por otra parte a un perseguidor acérrimo de los discípulos, que quiere a toda costa acabar con estos herejes. Los dos tienen, sin embargo, una respuesta generosa ante la llamada.

  También a nosotros nos ha elegido el Señor, a pesar de que valemos muy poco, de que le traicionamos cada día. Pero a Él no le importa, por eso también nos pregunta: ¿Quién dices tú que soy yo? Hagamos un momento de silencio. Entremos en nuestro interior y respondamos con sinceridad