Hoja Parroquial Domingo X de Tiempo ordinario -Ciclo A-

Soy de los que piensan, que tener un Dios como el que se nos ha manifestado en la persona del Señor Jesús, es ciertamente, no ya una suerte, sino más bien una bendición.

Es también una gran suerte que los pensamientos de Dios no sean nuestros pensamientos, y que sus planes no sean nuestros planes, tal como lo afirma Él mismo a través del profeta Isaías.

Jesús, está eligiendo a aquellos que le van a acompañar en su misión, y que posteriormente serán testigos delante del pueblo de su resurrección. Está eligiendo a sus Apóstoles.

Si fuéramos nosotros los que estuviéramos en su lugar, no cabe la menor duda de que elegiríamos a personas íntegras, justas, de buena reputación, de las que nada negativo pudiera decirse.

Sin embargo, vemos en el evangelio de hoy, que el Señor Jesús obra de una manera totalmente diferente. Se acerca al mostrador de un cobrador de impuestos. A la mesa de un publicano llamado Mateo. Un personaje odiado por el pueblo. Una persona que no tiene inconveniente en colaborar con los dominadores romanos, cobrando impuestos a los de su raza, y que además, mediante el robo y la extorsión, está consiguiendo enriquecerse. Un personaje en fin, para el que, según la Ley, no hay salvación posible. En él, pues, pone los ojos el Señor, y sin dudarlo, le dice: “Sígueme”. El evangelio nos dirá: Él se levantó y lo siguió.

El escándalo fue enorme, pero lo fue todavía mayor, cuando al llegar a casa de Mateo se puso a la mesa con él, y con muchos publicanos y pecadores que habían acudido.

Los fariseos, no pudiendo aguantar más, preguntan a los discípulos: “¿Cómo es que vuestro maestro como con publicanos y pecadores?”. Él Señor al escucharles, replica: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos… que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Éste es nuestro Dios. Un Dios que odia al pecado, pero que ama con locura al pecador. Un Dios que, si hiciera acepción de personas, amaría más al pecador que al justo.

Tú, ¿en qué lado te sitúas? Si consideras estar entre los pecadores, ¡enhorabuena! Eres de los elegidos. Si por el contrario te consideras justo, una persona decente que no comete pecados, además de estar equivocado, porque, como dice san Pablo, todos pecaron, difícilmente te alcanzará la salvación del Señor

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