Archive for junio, 2008

DOMINGO XII DE TIEMPO ORDINARIO -Ciclo A-

Domingo, junio 22nd, 2008

Durante toda la historia la Iglesia ha sufrido persecución. En la oración sacerdotal de la Última Cena, el Señor, dirigiéndose al Padre  dice:  “Yo les he dado tu Palabra,  y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. 

    No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. 

    Ellos no son del mundo,  como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad”.

  El cristiano, vive en el mundo, pero no es del mundo. Por eso el mundo no lo reconoce como propio. El cristiano hace presente a la sociedad, que aquello que el mundo ofrece, que aquello que muestra como forma de alcanzar la felicidad, es un engaño. Por eso, la sola presencia del cristiano denuncia la mentira en la que vive la sociedad, y esto, el mundo no lo puede tolerar.

En el evangelio de hoy, el Señor Jesús ya nos advierte de las dificultades que, por ser sus discípulos, encontraremos en nuestra vida. Una vez más nos invita a ser sus testigos, testigos de la Verdad, sin temor a la persecución y a los problemas que esto nos pueda acarrear.

Hoy, de un modo especial, cuando vemos a nuestro alrededor que muchos de los que conviven con nosotros lo hacen como si Dios no existiera; que a través de la televisión y del resto de medios de comunicación, e incluso a nivel oficial, se está atacando solapada o abiertamente a la Iglesia, y que con el pretexto de ejercer una mal entendida libertad, se vulneran derechos fundamentales, es necesario proclamar a plena luz y pregonar desde los terrados, la única Verdad:

Sólo en Cristo encuentra el hombre salvación.

Podemos, sin embargo, tener la tentación de no complicarnos la vida. De no meternos en problemas. De vivir nuestra fe de una manera personal, pensando en aquello de “para salvarse no es necesario tanto”, sin darnos cuenta de que con esta actitud, estamos renunciando a la misión que el Señor nos encomendó, como a discípulos suyos.

El Señor nos invita a no tener miedo: El Padre, que se preocupa de los pajarillos, no permitirá que nada malo nos suceda. Recordemos las palabras de Jesús: “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo”.

 

 

Hoja Parroquial Domingo XI de Tiempo ordinario -Ciclo A-

Domingo, junio 15th, 2008

El evangelio de hoy nos descubre en primer lugar, lo que hay en el corazón del Señor. Dice así: Al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, “como ovejas que no tienen pastor”.

El Señor Jesús, ha venido al mundo, nos dice Isaías, a anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad. Hoy, viendo a las gentes que le siguen, que andan extenuadas, abandonadas, como ovejas que no tienen pastor, nace de su corazón la misericordia y ve la necesidad de cuidarlas, de atenderlas. Pero la labor es ingente, supera con mucho a sus propias fuerzas, por eso encomienda a sus Apóstoles la misión diciéndoles: “La mies es grande, pero los trabajadores son pocos.”

El trabajo principal que encomienda a sus discípulos, es anunciar que el reino de los cielos está cerca. Que aquel que es capaz de curar los corazones rotos, aquel que ha venido a consolar a los tristes y a los que sufren, aquel que es capaz de dar sentido a la vida, está cerca. Esa, la gran noticia. El Mesías, el Salvador, ha llegado.

La palabra del Evangelio es siempre actual. Lo fue hace dos mil años, y lo es ahora. Por eso, también ahora, es palabra de liberación y vida.

¿Cuáles son las circunstancias que vive el hombre de hoy, para que esta palabra sea actual?

Hoy, al igual que hizo entonces, el Señor Jesús nos invita a mirar a los hombres de nuestra generación. No importa que hayan pasado veinte siglos. Hoy, como entonces, el hombre busca con afán la felicidad. Busca encontrar sentido a la vida. Busca llenar el vacío que encuentra en su corazón. Quiere ser, permanecer.

Para ello, se afana, trabaja, se esfuerza. Busca la felicidad en la falsa seguridad que proporciona el dinero. Se esfuerza en complacer a su cuerpo dándole gusto en todas sus exigencias. Intenta evadirse de una realidad que no le gusta, y cae en la esclavitud de la droga. Pero nada de esto logra satisfacer, llenar su corazón.

Tú y yo, conocemos la solución a este sufrimiento. Tú y yo, como entonces los apóstoles, estamos llamados a anunciarle dónde esta la vida. Tú y yo, hemos de llevarle al único que puede salvar, al único que con su amor puede hacerle feliz y dar sentido a su vida. Nosotros, lo recibimos gratis y no podemos negarnos a darlo gratis. No rehuyamos la misión.

Hoja Parroquial Domingo X de Tiempo ordinario -Ciclo A-

Domingo, junio 15th, 2008

Soy de los que piensan, que tener un Dios como el que se nos ha manifestado en la persona del Señor Jesús, es ciertamente, no ya una suerte, sino más bien una bendición.

Es también una gran suerte que los pensamientos de Dios no sean nuestros pensamientos, y que sus planes no sean nuestros planes, tal como lo afirma Él mismo a través del profeta Isaías.

Jesús, está eligiendo a aquellos que le van a acompañar en su misión, y que posteriormente serán testigos delante del pueblo de su resurrección. Está eligiendo a sus Apóstoles.

Si fuéramos nosotros los que estuviéramos en su lugar, no cabe la menor duda de que elegiríamos a personas íntegras, justas, de buena reputación, de las que nada negativo pudiera decirse.

Sin embargo, vemos en el evangelio de hoy, que el Señor Jesús obra de una manera totalmente diferente. Se acerca al mostrador de un cobrador de impuestos. A la mesa de un publicano llamado Mateo. Un personaje odiado por el pueblo. Una persona que no tiene inconveniente en colaborar con los dominadores romanos, cobrando impuestos a los de su raza, y que además, mediante el robo y la extorsión, está consiguiendo enriquecerse. Un personaje en fin, para el que, según la Ley, no hay salvación posible. En él, pues, pone los ojos el Señor, y sin dudarlo, le dice: “Sígueme”. El evangelio nos dirá: Él se levantó y lo siguió.

El escándalo fue enorme, pero lo fue todavía mayor, cuando al llegar a casa de Mateo se puso a la mesa con él, y con muchos publicanos y pecadores que habían acudido.

Los fariseos, no pudiendo aguantar más, preguntan a los discípulos: “¿Cómo es que vuestro maestro como con publicanos y pecadores?”. Él Señor al escucharles, replica: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos… que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

Éste es nuestro Dios. Un Dios que odia al pecado, pero que ama con locura al pecador. Un Dios que, si hiciera acepción de personas, amaría más al pecador que al justo.

Tú, ¿en qué lado te sitúas? Si consideras estar entre los pecadores, ¡enhorabuena! Eres de los elegidos. Si por el contrario te consideras justo, una persona decente que no comete pecados, además de estar equivocado, porque, como dice san Pablo, todos pecaron, difícilmente te alcanzará la salvación del Señor